Géneros May 28, 2022

Sebastián Villa: complicidad machista y la pelea por un fútbol feminista

Las denuncias contra el futbolista de Boca reavivaron el debate sobre las herramientas de las cuales disponen los clubes para comprender, visibilizar y abordar situaciones de violencia de género.

No hay trofeo ni vuelta olímpica que pueda tapar responsabilidades. Pareciera que vivimos tiempos en los que es necesario aclararlo. Tampoco es el Poder Judicial el único espacio donde se pueden tomar decisiones sobre un caso de violencia de género. Boca, hoy, está esperando eso: que un tribunal defina lo que tiene que hacer con Sebastián Villa, jugador del club, figura dentro de la cancha y, afuera, un varón denuncido por abuso sexual e intento de femicidio, pero con otra causa en curso, anterior, elevada a juicio oral, por violencia de género.

No es el objetivo poner en foco el blanco o negro que se presenta como contraposición para ver de qué lado esta cada une. El nombre propio de Villa es la expresión de una problemática que -somos testigues- va cambiando de protagonista con mucha fuerza en el sistema del fútbol: en el corazón del deporte más popular del país. 

¿Por qué hay que esperar una resolución judicial para tomar medidas tendientes a atender esto que cada vez se vuelve más común? ¿Cuántos ídolos tienen que ser denunciados para trabajar con jugadores de fútbol? Las preguntas suenan con más fuerza porque se sabe que en los últimos años y gracias al trabajo de las hinchas, socias y dirigentes, las entidades vivieron cambios puertas adentro impulsados por la potencia de los feminismos y atravesados por las transformaciones sociales.

Las áreas de género y los protocolos de prevención y acción frente a casos de violencia se generaron en espacios donde los varones son quienes ocupan en su inmensa mayoría las comisiones directivas. Surgieron porque se volvieron también herramientas necesarias: el país que sufre un femicidio cada 26 horas tiene a los clubes como lugares donde los distintos tipos de violencia se estaban escondiendo debajo de la alfombra. Ya no. O no tanto.

Los clubes, entonces, elaboraron sus propias leyes. Boca, por caso, aprobó el suyo en septiembre de 2021. ¿Pueden violar las reglas que ellos mismos aprobaron?

En estos días se escuchó sobre la falta de herramientas de los clubes para combatir la violencia. Maia Moreira es integrante de la Comisión Directiva de Lanús y está a cargo del Departamento de Género y Diversidad, y dice que esto es falso: las herramientas están. “Lo que sucede es que hay un abismo enorme entre el poder formal y el poder real que tenemos quienes estamos a cargo de estas áreas. Formalmente hay una potestad que dista del poder que toma decisiones”, dice. Y agrega: “Lo que nadie quiere decir es que las dirigencias no quieren hacerse cargo de tomar la decisión política que conlleva sancionar por ejemplo a un futbolista del club”.

¿Y si Boca tomara acciones que no sean la separación inmediata de un jugador? ¿Y si dispusiera capacitaciones de género para el plantel y el cuerpo técnico? ¿Y si recibiera la capacitación de la Ley Micaela? ¿Los futbolistas reconocen cuáles son los hechos que constituyen violencia? ¿Los pueden identificar?

Julia Hang es socióloga y dirige el proyecto de extensión “Hacia clubes inclusivos. Jugar, gestionar, entrenar y dirigir con perspectiva de género para erradicar las violencias”, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Cuenta una historia que invita a reflexionar en este sentido: “El otro día, una dirigente nos contaba una situación de acoso pero a la hora de interpretarlo como práctica violenta, no lo entendía de esa forma. Nos llevó a pensar qué hay que trabajar para desnaturalizar esas prácticas y que puedan reconocerse. Trabajar en la discusión y la concientización con los actores que forman parte de nuestros clubes para erradicarlas. Si no las podemos ver, no las podemos abordar”.

¿Juan Román Riquelme puede “ver” esas prácticas violentas por las que algunas mujeres denunciaron a los futbolistas de su club?

“Un varón que comete actos de violencia no es una isla. Es un sujeto integrado a un cuerpo social que está dañado”, escribió la abogada Sabrina Cartabia en la Revista Anfibia. Y siguió: “Muchas veces, los varones que quedan fijados en posturas obstinadas, las sostienen a través de procesos sociales complejos. La trama se teje con participación de instituciones, vínculos familiares, amigos, otras parejas y profesionales del derecho que creen que apoyar a un varón, cuando este tipo de hechos salen a la luz, es intentar contrarrestar el relato restándole relevancia, dilapidando a la denunciante y apañando con fuertes gestos simbólicos a quien deberíamos traer a la reflexión. Así, el problema se agrava y se pierden oportunidades para frenar la escalada de violencia”.

En una entrevista, el vicepresidente de Boca respaldó a Villa destacando sus cualidades como deportista e incluso contradiciéndose: unos meses atrás había criticado al jugador por su ausencia a entrenamientos y esta vez valorizó que no faltaba nunca a una práctica. “Lo que pasa afuera de la cancha es otro tema”, sostuvo.

La fórmula que destronó al macrismo de Boca, y que tuvo a Riquelme como figura central, logró la victoria en las elecciones gracias también a un importante respaldo de las socias, que fueron a su vez, muchas de ellas, quienes empujaron para la aprobación del protocolo.

Cabe la pregunta: ¿Qué sucede con los ídolos, con nuestros ídolos? ¿Se puede cuestionarlos? 

Vivimos un momento de tensiones. Algunos avances en materia de género tienen fuertes resistencias que en el fútbol, el bastión machista que a veces parece no saber cómo resguardarse (o que lo hace ejerciendo violencia), se expresan con mayor potencia. 

A veces parece que somos testigos de un juego de cinchada (o de la soga, o la batalla de fuerza, como la llaman algunes): como si dos fuerzas tiraran para lados opuestos. Es una grieta perversa que hay que saltar.

Son tiempos también en los que la FIFA, la entidad que rige el fútbol a nivel mundial, es capaz de castigar los gritos homofóbicos de hinchadas con sanciones económicas y deportivas, o a hinchas por gestos de racismo. Pero al mismo tiempo y a través de un tribunal integrado por varones cierra una investigación por abuso y acoso sexual contra el entrenador argentino Diego Guacci, denunciado por un colectivo de futbolistas, por falta de pruebas. “La palabra de un hombre contra la de cinco mujeres -escribió el periodista Ezequiel Fernández Moores en La Nación-. El tribunal dictaminó que ganó el hombre”.

Mónica Santino, directora técnica de La Nuestra Fútbol Feminista y referente en temas de género y deporte, considera fundamental hablar de los privilegios y el poder acumulado de la mayoría de los varones que pertenecen al mundo del fútbol.  “Las herramientas están, el problema es la desigualdad y donde se toman las decisiones”.

La periodista política Martha Gil escribió un artículo en el diario británico The Guardian sobre el juicio de los actores Johnny Depp y Amber Heard, al que consideró una reacción violenta al #MeToo. 

«El #MeToo funcionó por la razón por la que funciona cualquier movimiento feminista: la fuerza en los números. Es un movimiento político que empuja contra fuerzas increíblemente fuertes en la otra dirección. No hay razón para pensar que su trabajo no se puede revertir», apuntó. 

Aquí, con el #NiUnaMenos como bandera y con la proclama «lo personal es político» sonando más fuerte que nunca en Boca, el proceso muestra las tensiones en tránsito requieren entidades a la altura de las circunstancias. 

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