El mundo Oct 15, 2022

El billar cósmico

El 26 de septiembre pasado la sonda DART de la NASA impactó adrede contra un asteroide para ver si lo podían correr de su órbita. Esta última semana se reportaron los resultados preliminares de esta misión de ensayo de defensa planetaria.

Una vez cada tanto los medios masivos de desinformación nos cuentan que el final de nuestro planeta se acerca por que tal o cual asteroide impactará con nosotros. Si bien se trata de lamentables maniobras para conseguir tráfico y clicks, lo cierto es que una amenaza así nos borre del mapa es improbable pero no por eso imposible.

Se estima que en el Sistema Solar hay unos 100.000 asteroides de al menos 10 kilómetros de diámetro. Aproximadamente la mitad de estos tiene órbitas conocidas y sabemos que ninguno de ellos se cruzará en nuestro camino en los próximos cien años. Sin embargo la otra mitad aún no ha sido hallada o catalogada y esto representa una potencial amenaza.

Y no necesariamente estamos hablando de situaciones en las que se termine por completo la vida en la Tierra. Incluso un asteroide relativamente menor, por ejemplo de unos 5 kilómetros, podría generar un desastre natural importante como por ejemplo destruir una ciudad entera y/o causar tsunamis de proporciones históricas. La pregunta que surge es, ¿qué medidas podemos tomar para evitar estas tragedias contando con la tecnología que tenemos hoy en día?

De esto se trata la defensa planetaria. Es una rama de la ciencia y la tecnología con un fin muy noble ya que no es sólo para preservar a nuestra especie sino a todas las otras que conocemos y habitan nuestro mismo planeta. 

El primer paso en esto de defendernos es conocer al enemigo. Para eso hay decenas de organizaciones que dedican recursos a mirar al cielo y catalogar más y más asteroides. Se calculan entonces sus trayectorias a futuro para ver si alguna de ellas estará en colisión con nuestro querido planeta. 

Ahora bien, en caso de encontrar alguno que represente una amenaza, ¿ahora qué? Dado que no podemos cambiar la trayectoria de nuestro planeta, el objetivo es entonces tomar acciones que nos permitan desviar a dicho asteroide. Si se detecta con varios años de anticipación, basta con moverlo al menos “un poquito” ya que esa pequeña corrección hará que le erre a la Tierra. Es como en el billar, cuando un pequeño ángulo hace la gran diferencia entre hacer carambola o no.

La misión Double Asteroid Redirection Test (DART) fue lanzada en noviembre del año pasado con el objetivo de pegarle a un asteroide pequeño y poder entonces observar qué tanto lo lográbamos mover de su órbita. Es importante aclarar que no hay amenaza alguna a nuestro planeta de momento, pero resulta necesario ensayar esta técnica de defensa ahora, de tal manera de saber qué tan bien funciona para cuando la necesitemos en un escenario real. No se trata de algo sencillo, ya que el asteroide elegido como objetivo mide menos de 200 metros y está a 11 millones de kilómetros de distancia. 

La misión impactó contra el asteroide Dimorphos el día 26 de septiembre pasado. Desde ese entonces diversas agencias espaciales han estado observando la nueva trayectoria para ver si se generó un importante cambio en su trayectoria o no. 

Este martes la NASA anunció que efectivamente la nueva órbita de Dimorphos es 30 minutos más rápida que lo que solía ser. Esto representa un 4% de variación con respecto al estado del asteroide previo al impacto. Si bien este porcentaje parece menor, se trata de un rotundo éxito y es un valor hasta unas 3 veces mayor a lo que se esperaba. 

Se trata de muy buenas noticias a la hora de considerar esta técnica de estrellar una nave contra un potencial asteroide como mecanismo de defensa planetaria. Los resultados serán luego ampliados por una futura misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) la cual visitará nuevamente el asteroide en 2026.

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