En 1823 el presidente James Monroe dio su famoso discurso, que se popularizaría por la frase “América para los (norte)americanos”. Doscientos años más tarde, en un presente de feroz disputa geopolítica, es crucial analizar la relación entre EE.UU. y Nuestra América, que los gobiernos de esa potencia consideran como su esfera de influencia natural.